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Bienvenida al caminante


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Meditar es regar la semilla de la consciencia.

Cada semilla es un pensamiento. Cada pensamiento, cada afecto y cada acto son una semilla en la tierra fértil de nuestra consciencia. Cada árbol y cada fruto están ya en la semilla. Cada pájaro que canta se alimenta de semillas. Cada semilla es una promesa de vida, de canto y de alimento. Cada semilla se rompe a sí misma para penetrar la Tierra y luego el Cielo y los vientres de los animales, para nutrirlos. La semilla, por pequeña y pura y humilde, es la criatura perfecta, la piedra del Alquimista, el punto de apoyo: el Origen. El mundo que experimentas es el fruto de las semillas que siembras en tu consciencia.

Existe una infinidad de técnicas para entrar en el estado de la mente meditativa (mindfulness). Podemos meditar en un punto fijo, en un mandala, en la llama de una vela, en un mantra, en la compasión o en un acertijo sagrado como los koans del Zen. Podemos meditar en el movimiento, como lo propone el tai chi o el Yoga. Podemos meditar en la respiración o visualizando imágenes. Podemos meditar repitiendo una afirmación poderosa o contando las semillas de un mala o de un rosario. Podemos entrar en plena consciencia con el sonido cósmico de un cuenco tibetano. Podemos siempre meditar en la respiración: contando las inhalaciones y las exhalaciones, reteniendo el aire por intervalos, tapando una fosa nasal y luego la otra… O podemos simplemente sentarnos, cerrar los ojos y observarnos profundamente.

Queremos compartir contigo muchas de estas valiosas herramientas, pero sabemos que no podemos enseñarte a meditar porque meditar no tiene técnica. El estado de mindfulness o mente meditativa nacerá en ti con la práctica y con el deseo profundo de transformarte y comprenderte. Está ahí y sólo hace falta que lo visites un poco más. Tu camino es único y sagrado. Queremos de corazón ofrecerte las valiosas herramientas que nos han acompañado por años y que nos han ayudado a transformarnos como caminantes y profesores de la mente meditativa. Queremos que esas prácticas te conduzcan al recuerdo de tu verdadera naturaleza, a escuchar esa música silenciosa de tu alma y contemplar el profundo y poderoso mar de tu consciencia.

Queremos compartir directamente contigo la poderosa semilla de la meditación. Queremos sembrarla contigo y cosechar el fruto de una vida en plena consciencia y en pleno potencial. Queremos cultivar juntos el acto de sentarnos a meditar. ¿Por qué? Porque hay una belleza sobria y profunda en el gesto simple de cerrar los ojos y respirar. Quizá no haya un acto más rebelde y libre que meditar. Nos aparta de la tiranía de la actividad, de la necesidad impuesta de tener siempre que estar haciendo algo, pensando algo, planeando algo. Y a la vez no hay un acto más obediente y pacífico que sentarnos en nuestro cojín de práctica. Parece no tener mucho sentido el concentrarse profundamente en “nada”. Pero una vez entramos en estado de meditación, sabemos que no hay un acto con mayor sentido que meditar.